Sueña sin alcanzar ventura.
Llora desconsoladamente por aquello que debería impregnarla de júbilo y no cumple con su fin.
El cielo también llora, acompaña su llanto y con sus truenos mece su desdicha.
Por suerte el tiempo es fugaz y la verdad, un transeúnte malherido.
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sábado, 10 de noviembre de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
Here's the edge, let's cross it
Esa noche compartíamos habitación.
Tú lo decidiste así, y ¿quién era yo para quitarte méritos? Nadie, absolutamente nadie.
Las andróginas cabezas que decoraban ese lugar me producían repelús. Eran unas cuatro o cinco. O quizá más.. Todas lucían un peinado sumamente cuidado, marcado al detalle.
El hecho de que estuvieran ahí, observando nuestros cuerpos despojados de cualquier prenda, no me inspiraba una sensación demasiado reconfortante. Es más, tardé un buen rato en concentrarme en ti verdaderamente. Después, llamaron a la puerta y nos dejaron las fresas con nata en el felpudo, que venían acompañadas de un breve mensaje: "Suficiente con una, el resto tendrán consecuencias".
Parecía una orden, y las ordenes no me gustaban nada. No nos gustaban nada mejor dicho. Así que obviamos la estúpida indicación y pasamos a la acción.
Inmediatamente después todo se fue, tu ya no estabas y yo tampoco, habíamos sido desterrados del paraíso. Yacíamos en la desolación, un tanto sobrecogedora, pero bien merecida.
Las fresas y nuestro coraje nos habían traicionado.
jueves, 17 de mayo de 2012
Some art to feed our souls/ Christian Göran
viernes, 20 de enero de 2012
*Cough cough*

Hay algo en el cielo, algo cegador y argénteo.
Quizás se trate de un ser contrahecho, roto de cara y alma.
O él, sin ser nadie, queriendo reirse de ti o contigo.
Pero, que quieres, algo etéreo no me inspira mucha confianza.
¿Y por qué debería hacerlo?
La orbe da para mucho, ¿sabes?

lunes, 24 de octubre de 2011
sábado, 18 de diciembre de 2010
Ellos

Los encontré allí, justo allí. Cerca de aquel sitio tan extraño.
Me sorprendió que actuaran de aquella manera, aunque no prentendí forzarlos.
Vi que eran unos idiotas, así que me divertí tirándolos por el balcón.
Mientras caían iban rompiéndose a pedazos y cada uno de ellos se me clavaba en
el corazón.
el corazón.
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